Conocí el nudismo social en 2016, pero fue hasta 2018 cuando descubrí que había personas promoviendo abiertamente esta forma de vida en México. Héctor Martínez, Francelli Rentería y Angy de la Cruz fueron algunos de mis primeros referentes. Con ellos entendí que aquello que para mí era una pasión también podía convertirse en un trabajo y, sobre todo, en una manera de construir comunidad.
Con los años descubrí mi propio superpoder: ser pegamento. Conectar personas, enlazar comunidades, organizar experiencias y ayudar a que nuevas semillas nudistas aparezcan en distintos lugares del país.
Y México tiene un terreno increíble para hacerlo. No solo por sus playas, cenotes, bosques y paisajes, sino por ese espíritu nuestro un poco rebelde, curioso y desobediente. Nos gusta cuestionar las reglas, apropiarnos del espacio y encontrar otras maneras de vivir el cuerpo.
Hoy el nudismo mexicano está efervescente. Cada vez aparecen más comunidades, encuentros y personas dispuestas a salir del anonimato para convertirse en embajadoras de este estilo de vida.
México ya es uno de los referentes del nudismo en Latinoamérica. Y esto apenas se está poniendo interesante.




